¿UN ESCONJURADERO EN MONTEMOLIN?



  !Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita, ¡con papel y agua bendita...!

 

En la llamada Torre Ramona , antigua finca de recreo hoy casi desaparecida, en el barrio e Montemolin, su propietario construyó un pequeño lucernario o mirador elevado y con vistas a los cuatro puntos cardinales que, con el paso del tiempo se convirtió en un pequeño campanario, este mirador por sus características estando en la parte  más alta de la finca fue aprovechado en algún tiempo , -según me trasmitieron-, como un esconjuradero.

.A finales de la primavera y comienzos de verano las "tronadas “ son  frecuentes y estás podían arrasar con todo el trabajo previo efectuado por los  hombres y mujeres que vivían de la recolección ,no olvidemos que nuestro término y barrio  era eminentemente agrícola, y así en los momentos previos a las llegadas de fuertes tormentas o cualquier otra “tempestad” meteorológica, que acechase a nuestro término, se utilizaba este espacio  elevado, para estos menesteres.

Cuando aparecía la tormenta, y esta no tenía "buena pinta", solamente un milagro podía salvar todo el trabajo y el sustento de la casa. En ese mismo instante se " echaba mano" de la protección Divina, había que tener Fe, - todo estaba ya en manos de Dios- era el momento de intentar resolver el mal que venía del cielo, en forma de piedra...había llegado el momento de -esconjurar la tronada-.

En Torre Ramona durante los periodos que tuvo sacerdote , se tocaba la pequeña campana comunicando a los vecinos que se iba a iniciar el esconjuro, el sacerdote y sacristán, -si lo había-,  junto con los demás devotos y devotas del barrio, y con la reliquia correspondiente se dirigían al punto más alto del mirador para iniciar el rito.

Una vez todos  allí, el sacerdote, levantando la reliquia e invocando a la tormenta , se enfrentaba directamente a ella, intentando deshacerla, desviarla o en el  mejor de los casos que, sus consecuencias no fuesen tan catastróficas, y la piedra o granizo, se convirtiesen en agua, y así , no ocasionase muchos desperfectos en el término rural al que se intentaba proteger.

No debía ser un trabajo sencillo. Imagino la escena, y no me hubiera apetecido formar parte de tan singular grupo. El sacerdote  levantando la reliquia hacia las nubes esconjurando a la tormenta con el agua bendecida y las oraciones oportunas, entre relámpagos, rayos y truenos, junto con el sacristán  y las vecinas y vecinos ,todos de un negro penitente, al igual que las nubes que intentaban disolver, una escena de terror que, cualquier director de cine no hubiera igualado nunca.

Al mismo tiempo, por nuestro barrio, antaño, abundaban  las  casas con corrales, y otra forma de “espantar” de forma individual o particular las “tronadas” consistía, en esparcir por el corral de la casa un pan troceado, -como ofrenda-, y una vez pasada la tormenta las gallinas darían buena cuenta del mismo, de esta forma, no todo se perdía.

F.J.Murillo Ordovas

 

Esconjuradero: (del aragonés, esconchurar: conjurar)  Espacio para conjurar o exorcizar, generalmente tormentas, nieblas y malos nublados, pero también,  males y plagas, así como otros elementos meteorológicos de difícil calificación o explicación, junto con  fenómenos de peligro para la población, sequias y cosechas. Para estos rituales  se solían utilizar espacios altos y con vista a los cuatro puntos cardinales 

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